La formación odontológica ha seguido un modelo similar durante décadas. Los estudiantes aprenden con tipodontos, dientes de plástico y, en ocasiones, con cadáveres o dientes extraídos. Estas herramientas han ayudado a desarrollar las habilidades básicas, pero no preparan plenamente a los estudiantes para lo que ocurre cuando tratan a un paciente real.
«La mayor carencia que veo es que los estudiantes no obtienen la experiencia táctil real antes de entrar en la clínica. La primera vez que sienten cómo se mueve un diente o cómo reacciona el tejido blando suele ser con un paciente real. Eso supone mucha presión».
Ese momento determina la capacidad técnica, la confianza, la toma de decisiones y, en última instancia, los resultados para el paciente. Muchos de los procedimientos que los estudiantes encuentran más difíciles, como las extracciones, la sutura, la colocación de implantes y las técnicas quirúrgicas, dependen de una sutil retroalimentación táctil y de una percepción espacial que los modelos de formación tradicionales tienen dificultades para reproducir.
La simulación se ha convertido en un elemento central de cómo las escuelas intentan salvar esa brecha. Pero sin realismo, su impacto es limitado.
Esta limitación en la formación odontológica se ha superado con la introducción de modelos educativos basados en principios biomiméticos de la odontología. Estos modelos biomiméticos van más allá de las representaciones estáticas para reproducir el comportamiento biológico de las estructuras bucales.
«Se puede enseñar la técnica y explicar paso a paso un procedimiento, pero si el modelo no se comporta como el cuerpo humano, el estudiante sigue aprendiendo algo abstracto», explica Kreyer. «Entienden los pasos, pero no comprenden del todo la experiencia».
Esto está empezando a cambiar con la introducción de modelos anatómicos dentales impresos en 3D. Creados a partir de datos reales de pacientes, como tomografías CBCT, estos modelos llevan la complejidad anatómica a un entorno de formación controlado. Y lo que es más importante, los avances en la impresión 3D multimaterial PolyJet con tecnología voxel permiten que los modelos se comporten de formas que se asemejan mucho más a los tejidos blandos, los dientes y el hueso dentro del entorno bucal.
«Ahora podemos simular diferentes densidades óseas, tejidos blandos e incluso el movimiento de un diente dentro del periodonto», afirma Kreyer. «Eso es algo a lo que los estudiantes nunca habían tenido acceso antes de forma repetible».
Este cambio de la aproximación visual a la interacción física es significativo. Cuando los estudiantes pueden sentir resistencia, comprender cómo varía la anatomía y experimentar los pasos del procedimiento de forma más realista, el aprendizaje se vuelve más intuitivo.
«No se trata solo de ver la anatomía», añade. «Se trata de interactuar con ella de una forma que resulte realista».
Uno de los impactos más inmediatos es la confianza. Kreyer suele escuchar a los clínicos que describen su primer procedimiento real como el momento más estresante de su formación. Trasladar esa primera experiencia a un entorno simulado cambia la dinámica.
«Si podemos ofrecer a los estudiantes esa experiencia antes, en un lugar donde puedan repetirla y aprender de los errores, les estamos preparando de una forma muy diferente», afirma. «No se elimina la curva de aprendizaje. Se acelera la adquisición de habilidades clínicas en la facultad de odontología al integrar modelos educativos biomiméticos en los planes de estudios universitarios».
También hay implicaciones más amplias en cuanto a cómo se imparte la formación odontológica. Los entornos de formación tradicionales pueden variar mucho, con diferencias en los materiales, los casos y los métodos de evaluación. Con modelos dentales personalizables, los formadores pueden ofrecer escenarios coherentes para todos los grupos, creando un enfoque más estandarizado de la enseñanza y la evaluación.
«Con métodos de formación tradicionales como los modelos de cadáveres, la experiencia de cada estudiante es ligeramente diferente», explica Kreyer. «Lo que estamos empezando a ver ahora es la capacidad de crear el mismo caso, el mismo reto, para todos los estudiantes. Eso abre la puerta a una evaluación más objetiva y a un mejor seguimiento del progreso».
Al mismo tiempo, estos modelos abordan retos prácticos de larga data. Los cadáveres son limitados y caros. Los modelos animales plantean preocupaciones éticas y logísticas. Los modelos sintéticos ofrecen una alternativa escalable que es limpia, repetible y accesible.
«Desde el punto de vista educativo, disponer de algo que sea consistente, reproducible y esté disponible a gran escala marca una gran diferencia», afirma. «Permite a las escuelas ampliar el acceso a la formación práctica de una forma que antes no era posible».
Este cambio también se alinea con transformaciones más amplias en la propia odontología. Los flujos de trabajo digitales, desde el escaneo intraoral hasta el diseño CAD y la fabricación aditiva, se están convirtiendo en la norma en la práctica clínica. La educación está empezando a reflejar esa realidad.
«Estamos asistiendo a una convergencia entre lo digital y lo físico», señala Kreyer. «Herramientas como GrabCAD permiten reunir archivos de diseño para modelos con características muy específicas y luego trasladarlos a un entorno físico para la formación práctica. Esa conexión es muy potente».
De cara al futuro, Kreyer prevé que la simulación estará más integrada, se basará más en los datos y será más personalizada. Los modelos físicos se utilizarán cada vez más junto con las herramientas digitales, y la formación específica para cada paciente será más habitual.
«Por primera vez, tenemos la capacidad de ofrecer a cada estudiante una experiencia realista y repetible antes de que traten a un paciente», afirma. «Esto tiene un impacto directo en su rendimiento y en su nivel de confianza cuando más importa».